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sábado, 5 de febrero de 2011

La sonrisa de Leonardo es una rosa cansada (De Jorge Eduardo Eielson)

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Soportando el peso de una sola columna y sin embargo
Aplastado por el cielo gris e imperceptible de Florencia
Observando una paloma una gota de luz en la espesura
La sombra de Brunelleschi sobre la mesa vacía
Pero encerrado para siempre en un huevo de agua y tierra
Como el pincel de Piero como la espuma
Como la suavidad el rumor de la sangre entre los pliegues de la Madonna
Pero buscando una apertura un intersticio celeste entre las nubes
Imaginando un objeto imposible
Una máscara de papel quemado al voltear una esquina
Como si el huracán viajara sobre rieles de diamante
Diciendo por ejemplo hoy está cerrado
El cafetín de al lado y la mantequilla
Apenas basta para seguir viviendo y alcanzar la salida
Gritando que estoy triste que estoy triste
Insultando el mapa mundo la cúpula sublime
Cuando la verdad no deseo nada no me importa nada
Sino fumar tranquilamente al borde de la cama
Como cuando era niño y tomaba el desayuno mirando hacia delante
Mientras mi corazón que tal imbécil mi corazón
Crece y crece como un tumor de terciopelo
Pensando qué jodido el cielo qué mierda la vida
Las nubes grises los excrementos la basura
Y llorando amargamente al pie del Arno hasta caer rendido
Como Petrarca o como Dante sin volver a ver tu ombligo
Perro arrastrando entre la gente una túnica encendida
Escribiendo inútilmente que te adoro en la pared de enfrente
Dibujando el mundo entero en el espejo del barbero
Delante de tus ojos abiertos y sin embargo cubiertos
Por filamentos de algodón vespertino
Que ni mis manos ni mis lágrimas logran disipar
Pero sin una taza de café caliente
Ni un cigarrillo ni una estrella en el bolsillo
Y ningunas ganas de seguir mirando hacia adelante
Entrando y saliendo del mismo cine tibio como vientre de elefante
Derramando rabia y silencio sobre una esfera amarilla
Encima de cualquier objeto rosado y palpitante
Domando la perspectiva el torrente de la vida con un sola mirada
Pidiendo auxilio balbuceando implorando
Como caballo que naufraga bajo la cama revuelta
Como si tu cuerpo fuera sólo una palabra
En un poema que no comienza y no acaba
Como si no bastaran un biberón y un esqueleto
Para seguir viviendo entre líneas y entre líneas
Decirte nuevamente que te adoro que te adoro que te adoro
Que tu corazón y tu sexo son la misma cosa con sabor a paraíso
Viendo crecer la cebolla la desesperación la lujuria
El círculo de Minos en la muchedumbre y en la mano
La confusión que reina entre los hombres como un encaje ensangrentado
El mito del progreso más infame y más antiguo que la muerte
Siguiendo un hilo de saliva hasta el final del laberinto
Un saxofón de carne y hueso cuyo sonido envejece
Mientras el sol declina y la electrónica comienza
Su danza miserable alrededor de mi cabeza
Mirando finalmente el mismo cielo azul deshabitado
Y pensando que estoy loco que jamás podré alcanzarte
Que después de tanto esfuerzo tanta batalla perdida
No sería extraño que en lugar de tu belleza
Encontrara sobre la almohada un soldado que agoniza
Intestinos y flores vivas bajo los blue-jeans raídos
Los cabellos en el suelo la pupila entre las nubes
Pero sin esperanza alguna acariciando la inmundicia
Un último canto a la materia a la divina Energía
Antes de convertirlos nuevamente en una máquina inservible
La cabeza reclinada contra un muro de ceniza
Pensando desgraciados mi cerebro es de oro puro
Mi corazón de terciopelo mi sexo de cristal
Dispuesto a morir por una rosa pero en un campo minado
Con ametralladoras y cañones de verdad
Contra la estupidez contra la tristeza
Pero sin esperanza alguna casi sin pestañear
Ni abrir la puerta del baño para no ver mi futuro
La tapa de water-closet el cepillo de dientes la pomada
Y recordar que hoy es lunes y que el amor no es nada.
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domingo, 1 de agosto de 2010

A ser uno con todo lo viviente... (De Friedrich Holderlin)


A ser uno con todo lo viviente, volver en un feliz olvido de sí mismo, al todo de la naturaleza. A menudo alcanzo esa cumbre...pero un momento de reflexión basta para despeñarme de ella. Medito, y me encuentro como estaba antes, solo, con todos los dolores propios de la condición mortal, y el asilo de mi corazón, el mundo enteramente uno, desaparece; la naturaleza se cruza de brazos, y yo me encuentro ante ella como ante un extraño, y no la comprendo. Ojala no hubiera ido nunca a vuestras escuelas, pues en ellas es donde me volví tan razonable, donde aprendí a diferenciarme de manera fundamental de lo que me rodea; ahora estoy aislado entre la hermosura del mundo, he sido así expulsado del jardín de la naturaleza, donde crecía y florecía, y me agosto al sol del mediodía. Oh, sí! El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona.



En: Hiperion o el eremita en Grecia

miércoles, 12 de mayo de 2010

Hacer ver. Dar que pensar. Esto puede chocarle a más de uno... (De Michel Maffesoli)

Hacer ver. Dar que pensar. Esto puede chocarle a más de uno. Desde el que se acantona en una erudición sin horizonte, y el que erige una teoría abstracta, sin olvidar al manipulador de datos estadísticos, más o menos actualizados, muchos son los que se burlan cuando uno se limita a mostrar. Y sin embargo hay que continuar, aunque no sea más que para actualizarse, y ofrecer material de reflexión a los que, desilusionados de sus pretensiones y curados de su resaca, estarán dispuestos a utilizar, aunque sea a escondidas, aquello que hasta hace poco consideraban infrateórico. Esto necesita una mirada lúcida a los hechos brutos. Una mirada generosa también, que respete las cosas tal como son y que intente captar cuál pudiera ser su lógica interna.


En: En el crisol de las apariencias

martes, 16 de febrero de 2010

Muerto el artista, pasamos nosotros a ser los protagonistas... (De John Berger)

El cuadro que uno vio la semana pasada, cuando suponía que el artista estaba vivo, no es el mismo (aunque sea el mismo lienzo) que uno ve esta semana, después de saber que ha muerto. Desde ese momento, todo el mundo verá el cuadro que uno vio esta semana. El cuadro de la semana pasada ha muerto con él. Puede que esto suene demasiado metafísico. Pero no lo es. Sólo es el resultado del don –o de la necesidad que todos tenemos– del pensamiento abstracto. Mientras el artista está vivo, aunque el cuadro esté claramente terminado, lo vemos como parte de una obra en curso; como parte de un proceso inacabado. Podemos calificarlo: prometedor, decepcionante, inesperado. Cuando el artista muere, el cuadro se convierte en una parte de una obra definitiva. El artista lo hizo. Nos lo ha legado. Cambia lo que podemos pensar o decir sobre el cuadro. Lo que digamos ya no irá dirigido al artista, ni siquiera a un artista ausente a quien es de suponer que nunca vamos a tener la oportunidad de dirigirnos personalmente; lo que pensemos o digamos será sólo para nosotros. Lo que se comente ya no serán las intenciones desconocidas del artista, su posible confusión, sus esperanzas, su capacidad para dejar persuadir, para cambiar; lo que se comente será el uso que podemos darle a la obra que ha dejado atrás. Muerto el artista, pasamos nosotros a ser los protagonistas.




En: Un hombre afortunado


lunes, 1 de febrero de 2010

A lo largo de días y semanas uno se devana inútilmente los sesos... (De W. G. Sebald)


A lo largo de días y semanas uno se devana inútilmente los sesos, no sabría, si se le preguntara por ello, si se sigue escribiendo por costumbre, o por afán de prestigio, o porque no se ha aprendido otra cosa, o por asombro ante la vida, por amor a la verdad, por desesperación o indignación, así como tampoco sería capaz de decir si mediante la escritura uno se vuelve más inteligente o más loco. Tal vez cada uno de nosotros pierda la perspectiva en la medida en que sigue construyendo su propia obra, y tal vez por este motivo tendemos a confundir la complejidad creciente de nuestras construcciones espirituales con un paso adelante en el conocimiento, mientras que, al mismo tiempo, ya intuimos que nunca vamos a poder comprender los imprevistos que ciertamente determinan nuestra carrera.


En: Los anillos de Saturno

lunes, 28 de diciembre de 2009

Me parece un elemento sólo fortuito... (De Robert Musil)

Me parece un elemento sólo fortuito, que ha sido creado fuera del orden general. Es decir, alguna significación también tendrá, pero seguramente muy imprecisa, como la de un gusano o una piedra, algo que no sabemos si, al pasar, aplastaremos o no; y esto y la nada son la misma cosa. Porque cuando el alma del mundo quiere que una de sus partes permanezca, se expresa muy claramente. Dice no, crea un obstáculo, nos hace pasar por encima del gusano o da a la piedra una dureza tal que no podamos destruirla sino con la ayuda de alguna herramienta. Y antes de que vayamos a buscar una herramienta, la piedra habrá creado los obstáculos con una serie de pequeñas, tenaces dificultades, de manera que aun cuando las superamos, la cosa ya tendrá de antemano otra significación.


En: Las tribulaciones del estudiante Törless

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Tengo miedo de escribir... (De Clarice Lispector)

Tengo miedo de escribir. Es tan peligroso. Quien lo ha intentado lo sabe. Peligro de ocultar en lo que está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que instalarme en el vacío. En este vacío donde existo intuitivamente. Pero es un vacío terriblemente peligroso: de él extraigo sangre. Soy un escritor que tiene miedo de la celada de las palabras: las palabras que digo esconden otras: ¿cuáles? Tal vez las diga. Escribir es una piedra lanzada a lo hondo del pozo.

martes, 17 de noviembre de 2009

Ni la alabanza ni la censura significan nada... (Virginia Woolf)

Ni la alabanza ni la censura significan nada. Por delicioso que sea, el pasatiempo de medir es la más fútil de las ocupaciones y el someterse a los decretos de los medidores la más servil de las actitudes. Lo que importa es que escribáis lo que deseáis escribir; y nadie puede decir si importará mucho tiempo o unas horas. Pero sacrificar un solo pelo de la cabeza de vuestra visión, un solo matiz de su color en deferencia a un director de escuela con una copa de plata en la mano o algún profesor que esconde en la manga una cinta de medir, es la más baja de las traiciones; en comparación, el sacrificio de la riqueza y de la castidad, que solía considerarse el peor desastre humano, es una mera fruslería.



En: Una habitación propia

martes, 10 de noviembre de 2009

Pero trate usted de dejarse arrastrar ciegamente por sus emociones... (De F. M. Dostoyevski)

Pero trate usted de dejarse arrastrar ciegamente por sus emociones, sin pararse a razonar, sin una causa primaria, mandando la conciencia a paseo aunque sólo sea por un instante; amor u odio, cualquier cosa con tal de no estar sentado con los brazos cruzados. Pasado mañana a lo más tardar empezará usted a despreciarse por haberse engañado a sí mismo. Y el resultado será una pompa de jabón y la inercia. ¡Ah, señores, acaso el motivo de que me tenga por hombre listo sea que jamás en mi vida he podido empezar ni acabar nada! Bueno, bueno, soy un charlatán, un charlatán inofensivo y fastidioso como lo somos todos. ¿Pero qué le vamos a hacer, si la única tarea inequívoca de un hombre listo es la charlatanería, o sea, la expulsión deliberada de palabras vacías de sentido?


En: Apuntes del subsuelo


jueves, 5 de noviembre de 2009

Por otra parte, siempre me abandoné a lo que saliera... (Juan Carlos Onetti)

Por otra parte, siempre me abandoné a lo que saliera. Dios o la vida se encargan de mí y yo acepto. Cuando llega el ataque, y sólo he podido sospechar vagamente el porqué, escribo horas, días, me extenúo y termino el cuento o capítulo. Nunca sé, después, si volveré a escribir; siempre supongo que sí.

lunes, 24 de agosto de 2009

No digo que los escritores deban dejar de escribir... (De George Steiner)

No digo que los escritores deban dejar de escribir. Esto sería fatuo. Me pregunto si no están escribiendo demaisado, si el diluvio de letra impresa a través del cual luchamos por abrirnos paso, aturdidos, no representa por sí mismo una subversión del significado. "Una civilización de palabras es una civilización malsana." Es una civilización en la que la inflación constante de la moneda verbal ha devaluado de tal modo lo que antes fuera un acto numinoso de comunicación que lo válido y lo verdaderamente nuevo ya no pueden hacerse oír. Cada mes debe fabricar su obra maestra, de manera que las prensas empujan a la mediocridad a un esplendor espurio y transitorio. Los científicos nos dicen que es tal la invasión de publicaciones especializadas, monográficas, que pronto las bibliotecas habrán de tener que colocarse en órbita, dando vueltas en torno de la tierra y sujetas a la consulta por medios electrónicos. La proliferación de la verborrea en la investigación humanística, las trivialidades maquilladas de erudición o de revaluación crítica amenazan con obliterar la obra de arte y la exigente inmediatez del encuentro personal, base de toda crítica verdadera. También hablamos en exceso, con demasiada ligereza, volvemos público lo que es privado, convertimos en clichés de falsa certeza lo que era provisional, interino, y por consiguiente vivo en el hemisferio oscuro de la palabra. Vivimos en una cultura que es, de manera creciente, una gruta eólica del chismorreo; chismes que abarcan desde la teología hasta la política hasta una exhumación sin precedentes de las cuitas personales (la terapia psicoanalítica es la gran retórica del chismorreo). Este mundo no terminará en llanto y crujir de dientes sino en un titular de periódico, en un eslogan, en un novelón soez más ancho que los cedros del Líbano. En el chorro abundante de la producción actual, ¿cuándo se convierten las palabras en palabra? ¿Y dónde está el silencio necesario para escuchar esa metamorfosis?

domingo, 16 de agosto de 2009

Años de luz (Raúl Deustua)

El hombre ha vuelto a su morada,
estamos solos y nos corroe el tiempo,
dos sílabas apenas y el silencio.

Pienso en un prisma, allí la vida acecha
el color y la sombra, la ventana
abierta al mar, columna que en sí misma
goza en su vertical caída.

....................................Pienso
en el mortero secular, moléculas
de luz que suben por las venas, ojos
que ya los párpados no cierran.

A veces una gota que resbala
por el muro, y la mano mueve
el pesado ladrillo, el árbol solo
que dilata la muerte ya bastante lenta.

Pienso en la inmemorial rutina, en labios
que están ardiendo, zarzas y más zarzas
donde el hombre es el hielo que devora
su permanencia mineral, su voz
traspasada de pájaros herméticos.

Y cuando llega el tiempo los roídos
molares del silencio nos trituran:
queda la cáscara del sueño, leves
pisadas que el arqueólogo descubre,
años de luz inútilmente ardida.

sábado, 1 de agosto de 2009

Congoja (George Trakl)

La universal desdicha atraviesa espectral la tarde.
Las barracas fugan por pardos jardincillos desolados.
Fuegos fatuos retozan sobre los quemados residuos,
dos nebulosos durmientes grises vuelven tambaleantes a sus casas.

Por la reseca pradera corre un niño
y juega con tersos ojos negros.
El oro descolorido y opaco gotea de los arbustos.
Un anciano da vueltas tristemente en el viento.

Nuevamente al anochecer, sobre mi cabeza
mudo orienta Saturno un mísero destino.
Un árbol, un perro que camina hacia atrás,
y negro vacila el cielo de Dios, y su follaje.

Un pececillo cruza veloz arroyo abajo;
y leve se mueve la mano del amigo muerto
y alisa amorosa la frente y la ropa.
Una luz evoca sombras en los cuartos.


miércoles, 15 de julio de 2009

A menudo los estudiosos de la cultura... (Terry Eagleton)

A menudo los estudiosos de la cultura tienden a ser políticamente radicales, cuando no fácilmente disciplinados. Debido a que temas como la literatura y la historia del arte no tienen ninguna compensación material obvia, suelen atraer a aquellos que miran con recelo los conceptos capitalistas de utilidad. La idea de hacer algo por el puro gusto de hacerlo siempre ha puesto nervisos a los guardianes de barba gris del Estado. La pura falta de sentido es un asunto profundamente subversivo.

En cualquier caso, el arte y la literatura engloban una enorme cantidad de ideas y experiencias que son difíciles de reconciliar con el escenario político actual. También plantean problemas de calidad de vida en un mundo en que la propia experiencia parece frágil y degradada. ¿Cómo se puede crear arte digno en semejantes condiciones? ¿No sería necesario transformar la sociedad para prosperar como artista? Además, aquellos que se decican al arte hablan el lenguaje del valor más que el del precio. Se dedican a obras cuya profundidad e intensidad ponen de manifiesto la exigüidad de la vida cotidiana en una sociedad obsesionada por el mercado. También están entrenados para imaginar alternativas a lo real. El arte favorece que uno fantasee y desee. Por todas estas razones es fácil entender por qué son los estudiantes de arte o filología antes que los ingenieros quienes suelen levantar barricadas.

martes, 30 de junio de 2009

Antes de irme les anuncié...

Antes de irme les anuncié que me llevaría un libro de la biblioteca, en recuerdo de don Pablo, y cogí uno al azar. Graciela me acompañó hasta la puerta. En el jardín nos detuvimos; me preguntó cuánto tiempo estaría en Lima y le contesté que sólo unos días más, mi embajador no puede hacer nada sin mí. Luego quedamos un instante en silencio, mirándonos. Graciela sigue siendo muy hermosa. Iba a decirle algo pero me callé, siempre he desconfiado del primer impulso y es demasiado tarde para cambiar. No me pidió que volviera y creo que no iré a verla antes de irme. He empezado a leer el libro que me traje: es de un viajero francés que estuvo en el Perú a mediados del siglo pasado y encontró que los limeños somos muy malas personas, dice que por culpa del clima.


De Luis Loayza en Otras tardes

domingo, 28 de junio de 2009

Rechazar la realidad... (De Sebastián Salazar Bondy)

...Rechazar la realidad puede significar no quererla ver, apartarse de ella, encaramarse en una torre distante, o luchar por el contrario en tierra, con los pocos medios que se cuenta, contra lo que anda defectuosamente, contra lo que hace daño, contra el yerro consagrado. El evasivo -exquisito o maldiciente- tiene su drama y, por más que quiera disimularlo, lo lleva consigo como un estigma, impreso en el rostro, en el alma y la conducta. Él niega, pero se encoge de hombros. "Aquí no hay nada que hacer", dice y repite, con el fin, es evidente, de eximirse de las responsabilidades que en la intimidad sin pausan lo corroen. Entre la afirmación y el rechazo, semeja una aguja magnética inquieta, móvil, jamás detenida en un polo o en el otro, en el sí o en el no. En tanto, el que asume su deber, el que se propone luchar en el terreno vocacional y profesional por la destrucción del sistema reinante y, en consecuencia, por el progreso de la comunidad, confronta una tragedia que, paradójicamente, podemos llamar feliz. Tiene sentido, sabe dónde va, y su conciencia le dice que cada paso que da, por insignificante que sea, es una conquista. Esfuerzo tras esfuerzo -lo que vale decir éxito tras éxito y derrota tras derrota- fractura el mundo del error. Por la pequeña fisura que él abra, pasaren [sic] los que, detrás, vienen. Es éste el verdadero creador.

lunes, 22 de junio de 2009

¿Y la inmortalidad?...

En la sordera del sueño eterno, no somos importunados por la Gloria.
Marcel Proust

¿Y la inmortlidad? ¿Acaso no contaba para nada la inmortalidad? Marguerite no la había incluido en su cuartilla con instrucciones. ¿Por qué? ¿Acaso no había que escribir con la máxima ambición y aspirando siempre a crear una obra maestra, una obra inomrtal? ¿Por qué ella no me había aconsejado la ambición? ¿Me veía incapaz de alcanzar la inmortalidad? Seguramente no la había incluido por sentido común, del mismo modo que no estaban, entre las instrucciones, la intuición, el genio, la sabiduría y la sensibilidad. Cuando alcancé a ver esto, me tranquilicé. ¿Cómo iba ella a recomendarme la inmortalidad? Pero quedó en mí un extraño, amargo poso. Siempre que la veía, me sentía mortal. Un día, se lo comenté a Raúl. No pareció extrañarle lo que le dije. Se quedó pensativo, y yo esperando a ver qué me decía. Como pasaba el rato y seguía pensando, le pregunté en qué pensaba. "En que el resplandor de nuestros nombres se detiene en la piedra de nuestra tumba", dijo.


De Enrique Vila-Matas en París no se acaba nunca.

lunes, 15 de junio de 2009

Nos paseamos como autómatas (Julio R. Ribeyro)

Nos paseamos como autómatas por ciudades insensatas. Vamos de un sexo a otro para llegar siempre a la misma morada. Decimos más o menos las mismas cosas, con algunas ligeras variantes. Comemos vegetales o animales, pero nunca más de los disponibles, en ningún lugar nos sirven el Ave del Paraíso ni la Rosa de los Vientos. Nos jactamos de aventuras que una computadora reduciría a diez o doce situaciones ordinarias. ¿La vida sería entonces, contra todo lo dicho, a causa de su monotonía, demasiado larga? ¿Qué importancia tiene vivir uno o cien años? Como el recién nacido, nada vamos a dejar. Como el centenario, nada nos llevaremos, ni la ropa sucia, ni el tesoro. Algunos dejarán una obra, es verdad. Será lindamente editada. Luego curiosidad de algún coleccionista. Más tarde la cita de un erudito. Al final algo menos que un nombre. Una ignorancia.

jueves, 7 de mayo de 2009

De Soren Kierkegaard

¡No! No será olvidado quien fue grande en este mundo, y cada uno de nosotros ha sido grande a su manera, siempre en proporción a la grandeza del objeto de su amor. Pues quien se amó a sí mismo fue grande gracias a su persona, y quien amó a Dios fue, sin embargo, el más grande de todo. Cada uno de nosotros perdurará en el recuerdo, pero siempre en relación a la grandeza de su expectativa: uno alcanzará la grandeza porque esperó lo posible y otro porque esperó lo eterno, pero quien esperó lo imposible, ese es el más grande de todos. Todos perduraremos en el recuerdo, pero cada uno será grande en relación a aquello con que batalló. Y aquel que batalló con el mundo fue grande porque venció al mundo, y el que batalló consigo mismo fue grande porque se venció a sí mismo, pero quien batalló con Dios fue el más grande de todos. En el mundo se lucha de hombre a hombre y uno contra mil, pero quien presentó batalla a Dios fue el más grande de todos.

martes, 5 de mayo de 2009

Todo el horror de los siglos pasados y presentes... (Ernesto Sabato)

Todo el horror de los siglos pasados y presentes en la larga y difícil historia del hombre es inexistente además para cada niño que nace y para cada joven que comienza a creer. Cada esperanza de cada joven es nueva -felizmente-, porque el dolor no se sufre sino en carne propia. Esa cándida esperanza se va manchando, es cierto, deteriorando míseramente, convirtiéndonse las más de las veces en un trapo sucio, que finalmente se arroja con asco. Pero lo admirable es que el hombre siga luchando a pesar de todo y que, desilusionado o triste, cansado o enferno, siga trazando caminos, arando la tierra, luchando contra los elementos y hasta creando obras de belleza en medio de un mundo bárbaro y hostil. Esto debería probarnos que el mundo tiene algún misterioso sentido y para convencernos de que, aunque mortales y perversos, los hombres podemos alcanzar de algún modo la grandeza y la eternidad. Y que, si es cierto que Satanás es el amo de la tierra, en alguna parte del cielo o en algún rincón de nuestro ser reside un Espíritu Divino que incesantemente lucha contra él, para levantarnos una y otra vez sobre el barro de nuestra desesperación.