jueves, 5 de marzo de 2009

¡Devuélvannos el Misterio! Fragmentos Humanizantes para una Facultad de Humanidades que Fragmenta




Álvaro Julián Gutiérrez


Estar enterrado durante tantos años. Estos edificios nunca fueron tan edificantes, destruidos —ahora— sobre mi espalda. Ya permutándose andan los cadáveres acorbatados en flácidos encantos de gleba. Una flor principia a crecer en mi frente y a seguir creciendo. Soy tierra que tiembla entonces. Que se expone y que se expresa desde lo más subjetivo del ser o más allá… (Sí lo sé). Que da muestra evidente de la magistral y valerosa vena por donde corre la Nada. La más hermosa y comprensiva de mis aptitudes.

Mi despertador… fue puesto… en un espacio y tiempo determinado: la universidad. El colapso es una nueva luz.

Mi tercer ojo visionario ha despertado y llora (quizá también el tuyo o el de él. Lo cierto es que de esas virtudes humanas no suelen hablar las Humanidades; ni mucho menos nos han enseñado a usarlas). Llora este ojo que no pertenece a la categoría de los ojos derechos ni izquierdos. Quizá, el mismo cósmico e inmortal ojo de Horus, de los faraones del antiguo Egipto con el que se percibía tanto el porvenir universal como los sucesos cotidianos de la vida; o tal vez, su equivalente, el tercer ojo ubicado en el sexto chakra llamado ajna por la mística del hinduismo que permite romper con las malditas cadenas de la temporalidad y el límite cada vez más amurallado del espacio, adquiriendo la inmortalidad o iluminación.

Porque sí, señores, nada más que académicos, el tercer ojo existe hasta en sus frentes polifémicas (y disculpen el rollo de si se les roba o no ovejitas), no estamos hablando ni de un discurso premoderno de brujas y vampiros ni de un posmodernista y pastilloso discurso New Age redactado en el entrecejo. Existe, y lo que ve o, mejor dicho, lo que se le revela.

Llora y se conmueve, aplastado en la oscuridad, cuando camino por los pasillos de esta Facultad de Humanidades en la que vivo (sufro una mutilación cuando digo "estudio", porque entonces soy "alumno", y luego, ya no sé qué es lo que dejo de ser para serlo) porque algo Inhumano angustia y acecha mi Humanidad: Exceso de rostros con atmósferas inmateriales de color rojo que los circundan: soberbia catedrática y dinosáurica; egoísmo rocoso y sistemático, desmesurados empaques de pensamientos materialistas, nadie sabe más de la vida que lo que estudia; marrón: olvido arduo de la espiritualidad, murmuraciones ponzoñosas a la orden de las espaldas (maleteo impío); además, del franeleo pro-sectario y meretricio que mantiene la construcción implícita de la patrañera cúpula intelectual (cuasipapal) donde se muerden la cola; gris y negro: elección patética del lado oscuro o el nene que juega al oscuroide, confundir la muerte, siempre feliz, con la enfermedad excelente del miedo, puras poses. Malestares asquerosos, estos, con los que también uno se puede titular de Humanista; es más, mientras menos amor haya en tu rostro, el análisis será más riguroso y proveerá la "tesis de tu vida".

Mil disculpas si interpreto semblantes y no libros, si deshonro los cursos de Interpretación de Textos Literarios I, II y III; y opto por la interpretación "parapsicológica" de las auras. Y es que aquellas materias son tan faltas de mística, tan incompletas, que no se parecen en nada al hombre harto del predominio de los discursos de la razón. Y que esto no suene a refrito caduco; porque refrito es hablar y hablar, escribir y escribir, interpretando poetas, pintores, performistas, etc., que se quejan de la razón regente de los planes históricos y futuros del orbe. Refrito es no volver a hacer nada ante esta protesta o voz de auxilio; y es que tal imperio tiene sus cinturones de seguridad que evitan un mundo en otros términos, en otra dimensión: el mito de la certeza científica, el prejuicio del macho dominante, el temor a la soledad y al desprecio, etc. Bajo estas porquerías vivimos arrastrándonos durante cientos de años y las reescribimos sin darnos cuenta, no hay filtro.

El refrito es la inacción, el prejuicio ante la espiritualidad, el conformismo discursivo y la asunción ante el dolor. El levantarse cada mañana y tan sólo pensar ¿qué curso o examen me toca hoy?; ¿que qué planes tengo para mi vida? Ah!, acabaré mi carrera, estudiaré una maestría, me iré al extranjero a estudiar un doctorado, bla, bla, bla ¡Aj!; Paporretas. Seguir contando dentro de nuestros planes con los mismos refritos y no sentirse asqueado, es más, sentirse por "buen camino" es un acto de vileza: ¡A mí qué rayos la humanidad de este mundo jodido!, sólo quiero asegurarme de seguir los mezquinos senderos que me ofrece mi "carrera", y a correr se ha dicho, antes que me alcancen. Eso sí, escribiré cositas que otros hayan dicho acerca de la deshumanización, el utilitarismo en las relaciones humanas, la enajenación de la sociedad de consumo, etc., "las encajo" con Interpretación I, II y III aplicadas a un poema o a una novelita, para que así me vuelva un humanista y, digamos, cumplir. Todo lo que produzca a repartirlo en el circulillo cerrado de intelectuales que me parieron y que viva la mentira sistemática de nuestros personajes. Y esto, señores "humanistas", en una facultad de "humanidades".

Mi fe persigue con necesidad una "nueva" percepción para la humanidad. No sé si Platón seguiría diciendo hoy que lo que vemos son las sombras y no la realidad cuando no se percibe el mundo a través del enfoque intelectual. Ese objetivo de disociar el mundo mortal de las apariencias de la materia (relacionada al cuerpo), con el mundo divino de las ideas (relacionada al alma) parece —emocionantemente— tener un influjo del pensamiento hindú, con la diferencia de que, verbigracia, en la escuela Samkhya y Yoga niegan al alma (purusha), infinita e inefable, cualquier relación con el intelecto y la razón, debido a que estas cualidades, por excelencia, son fuentes generadoras de deseos, y el deseo no es eterno, además de ser fuente del devenir.

Justamente, el deseo y la razón, hoy en día, son las banderas piratas de esta época, son la combinación perfecta que inventa el sinsentido que vivimos, hasta en una facultad de humanidades. Por lo tanto, no resulta un disparate afirmar, tal como lo hacen estos darçanas (sistemas filosóficos), que el intelecto (buddhi) es sólo una materia sutil, la más sutil, pero materia al fin. Desde este punto de vista, parece que Platón siempre estuvo hablando del cuerpo y desde el cuerpo; da ternura, ¿no?