jueves, 5 de marzo de 2009

Escribiría sobre lo que quiero, pero no quiero nada





Miguel Rivera


Capítulo 1



Abre los ojos apenas despierta. No ve nada, todo sigue oscuro. El wevón de Eraserhead… cómo se llama… bueno la cosa es que le duele la cabeza. Cierra los ojos y siente que se va a otro de sus tiempos, imagina que a uno que aún no le ha llegado, aunque también podría ser uno que ha olvidado mientras dormía.

Despierta con náuseas. No sabe si salir de la cama o seguir durmiendo. Un sentimiento de derrota lo ronda cuando finalmente se decide a tener el primer pensamiento del día: "haga lo que haga, voy a volver aquí". Así que se despereza y no vuelve a recordar ninguna otra película, ni emergen a su conciencia escenas encontradas en libros para poder darle un sentido a lo que hace. ¿Qué haces?, se pregunta. No se responde, pero en el fondo desearía imprecarle a su mente un cállate rotundo y definitivo. Llega al baño, por costumbre más que por necesidad, y orina mirándose de costado en el espejo. Sigue igual, esperaba haber cambiado, no sé, ser una mujer, un perro, un tío gordo y trasnochado de 60 años.

Aparece una nariz inmensa y curva frente a dos ojos enanos que no quieren mirar lo que están viendo, sombreados con ojeras que le recuerdan, que así tuviese que ir a trabajar, debería volver a la cama hasta hacerlas desaparecer. Cree que es domingo, no se escuchan ruidos.

Podría pasarse toda la mañana leyendo o viendo animes o haciendo ejercicios con una pesa de 10 kilos que hay debajo de su cama o escribiendo, o todo al mismo tiempo como suele hacer; pero sale al patio a recoger de los cordeles su toalla. Nuevamente en el baño, prende la radio, se moja la cara, se echa la espuma y se rasura. Hoy será otro día más echado al fuego del olvido.

Mientras, allá afuera, todos esos cuerpos sobreviven afanándose por cosas comunes, como comprar un auto, viajar a los Estados Unidos o probar nuevas drogas. Acá él sigue enjabonándose el cuerpo sin pensar en otra cosa que no sea el jabón y la piel que frota sin placer. Se seca y por un momento piensa que podría ser un genio, pero la idea se le vuelve a ir de la cabeza. ¿Un genio?... un bueno para nada, suspira. ¿Será cierto que ya estoy muerto?

—Si quieres ser escritor, lo único que tienes que hacer es escribir.
—Sí, pero ¿qué escribir?
—No sé, lo que quieras, lo que se te ocurra.

Escribiría sobre lo que quiero, pero no quiero nada. Me siento cansado de estar queriendo cosas como todo el mundo. Preferiría una historia sobre un tipo que se levanta una mañana y no hace nada hasta que le llega la hora de dormir de nuevo. Y no sé si se olvida de lo que soñó al despertar o si no sueña, pero que anda por ahí sin pretensiones, como deslizándose en un tobogán aceitado.

Sobre todo lo demás, no tengo más qué decir.