miércoles, 1 de abril de 2009

Incertidumbres: Ænema - Tool / La Caja - corto animado

Es cierto: hay momentos en los que una gran incertidumbre se apodera de nosotros. Unos hablan del fin del mundo en un par de años (digamos el 2012); otros, que en cincuenta años habrá guerras mundiales por el control del agua; y otros más, sentencian, casi sin dudarlo, que tanto esfuerzo presente es en vano, que todo se irá a diluir inexorablemente. No hay más ganas de seguir. Qué hacer, a dónde recurrir, acaso bastará un beso de mamá?



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Confundidos entre el miedo y la duda, el sinsentido toma el control de nuestras vidas. La inacción, que ni siquiera se asemeja a la mera contemplación, termina por abrumarnos, aunque no hagamos nada, paradójicamente. El cero se marca en nuestros pechos. Los abismos lucen más bellos que nunca. Tu nombre o el mío, qué importa, dejan de serlo, y son solo un par más de palabras, un par más de sonidos. No tenemos ni Ctrl+z para volver en el tiempo, ni stop para descansar un momento del movimiento de los días. Sudando debajo de una luz amenazante, sobre nuestra cabeza se posan las moscas cuales joyas de una invisible corona de lo terrible. Una mirada nos paraliza, es la mirada que llega desde el futuro.

Para qué tanto esfuerzo, para qué tanta ilusión, para qué, para qué, dios (dios?), para qué...

¿Qué hacer?

Si a cada minuto rondamos como ratas entre las viejas cajas de un almacén abandonado; andamos desorientados entre estos edificios, ciegos, con sed, pidiendo desde el alma poder ver el horizonte, y así, tal vez, hallar algún sosiego escondido en lo sublime, en lo inefable. Si a donde se nos ocurra mirar no encontramos más que desolación, injusticia, miseria, rencor. Si cuando sea hora de dormir nos venga a invadir un pavor por lo que pensaremos antes de rendirnos al sueño; un pavor por lo que soñaremos; y un pavor porque, aún así, después de todo, despertaremos.

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Es cierto: hay momentos en los que una gran incertidumbre se apodera de nosotros. Y así, como ocurre contigo, con ellos, conmigo, ha ocurrido con todos aquellos que han estado antes de nosotros. Siempre. Sí, siempre. Pero nada de esto pudo detenerlos. Sí, sí, seré demasiado idealista por ratos, pero, qué más nos queda, es mucho peor esperar sin más, resignarse, ser cómplice de nuestro propio crimen. Tanta duda, tanto miedo deben ser vencidos. El destino no podrá ser revertido, como con tanto ahínco remarcaban las antiguas tragedias griegas, pero el destino es lo que nosotros decidimos. Tenemos que hacer algo, un minúsculo algo siquiera.



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¿No crees?