domingo, 9 de agosto de 2009

¿Reconocerse para ser o ser para reconocerse?: collage textual (fragmentos de la -9)





Reflexión cultural es lo que hacemos. Cultura como pretexto y como fin; reflexión: oportunidad de movimiento y caos. No queremos la imagen limpia de "esto es esto" y "aquello es aquello otro"; preferimos la impertinencia, la fractura, el exceso y el fragmento.



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No le vendría mal a la poesía -o más específicamente a los poetas- sacudirse del aura romántica que a menudo les acompaña. Escribir no es oficio para suspirantes badulaques ni plañideros onanistas. Explorar los límites del lenguaje supone explorar los límites del decir, que son también las fronteras del silencio. Aventura que exige pasión, rigor e irreverencia. La poesía -estamos convencidos- es la posibilidad de tender un puente hacia lo oculto, que es también diálogo fecundo con nosotros.

("Un puente hacia lo oculto: algunas reflexiones sobre poesía", Carlos Quenaya)



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Es por ello sugiero que dejemos de pensar en la existencia de una música clásica compleja y distante e imaginemos un solo universo musical con múltiples climas y lenguajes convergiendo en él, de tal manera que aspiremos al surgimiento de oyentes, intérpretes y autores verdaderamente eclécticos e integrales.

("El fantasma de la música clásica", Manuel Zelada)



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Detesto que la gente busque justificar(se) (en) lo que escucha. Que busque el mínimo de atisbo de trascendencia en las frecuencias a las que se somete para elevarse por sobre el promedio. Cuando el placer tan orteguiano de ser uno mismo y sus circunstancias a veces es impagable. Para conocerlas, para seguir siendo, para continuar creciendo, hay que escuchar y seguir escuchando.

("¿Somos lo que escuchamos?", Cristhian Manzanares)



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Luego ya se dijo que había buenos escritores en la sala. Yo no creo que existan buenos escritores. Solo hay espíritus a los que nada los puede parar en su viaje a la solitaria autodestruxión.

("Escribiría sobre lo que quiero, pero no quiero nada", Miguel Rivera)



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Por todo esto es también urgente la necesidad de seguir produciendo reflexión y conocimiento de fenómenos así en nuestro país: únicos, jóvenes y completamente extraños a las concepciones mundiales y globalizadoras. Podría ser una excelente oportunidad de comenzar a ser productores de conocimiento (un conocimiento completamente original, nunca antes visto en el mundo) y ya no difusores de un conocimiento producido en condiciones ajenas.
("Susy Díaz es mi madre aunque Florcita no sea mi hermana. Lectura feliz de mi amado Chollywood", Jorge Vargas Prado)



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La emoción por la teoría de un autor X que nos pueda llevar al fanatismo tiene su raíz en el hecho natural de buscar dioses que nos guíen. Pero, "dime qué altura tu dios tiene y te diré qué altura tienes".

("¡Devuélvannos el misterio! Fragmentos humanizantes para una facultad de Humanidades que fragmenta", Álvaro Gutiérrez)



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Alguien como un intelectual tendría que buscar que su sociedad sea más sana. No en vano ha obtenido la capacidad (el don y/o maldición) de identificar las crisis (algo que va más allá de lo material, relacionado con la mente, sin pretensiones psicológicas; con lo que algunos llaman alma, sin reducirlo a un concepto meramente religioso; con ese algo intangible, que siempre es y que no muere), esas crisis que se forman en torno a la sociedad, que terminan por ser parte de la vida cotidiana y ya no asustan a nadie, pero que sigilosamente continúan dañando a todos: cultivar conciencia crítica, criticar la cultura contaminada.

("Apuntes para leer sentado en el autobús...", Paulo César Peña)