viernes, 8 de febrero de 2008

Un poco de vocabulario


Hace tiempo encontré un libro tirado esos que no se ven que no huelen esos libros que aparecen pequeños inofensivos casi transparentes usted me entiende sólo nervio estaba ahí era una de las primeras traducciones al castellano de un par de relatos chinos. Leer no es una obligación claro está sólo es una costumbre casi como mover los brazos hacia la derecha o a la izquierda cuando se tiene miedo o una risa que poco a poco se convierte en un monstruo y ya no puedes dejar de cerrar la boca y empieza el tortazo en la cara algo así cuestión de temperaturas. El relato modesto como el libro que con las hojas arrugadas caía liviano predecible por momentos no es nada impresionante sólo una jalada de orejas. Sólo queda el mar. Ahora si quiere interpretar puede hablar de maltrato femenino o incluso que el agua del mar es salada demasiado. Haga lo que quiera pero antes lea y écheme la culpa a mí.

Las tres princesas

En el país de Sim, tres princesas, jóvenes y bellas, están sentadas en una playa dorada. Buscan, con la mirada, una nave que las llevará, muy lejos, más allá del horizonte, hacia una isla que debe existir, donde las mujeres son dichosas. El mar está azul.

En el país de Sim, tres princesas, que ya no son jóvenes ni bellas, lloran, de pie, en una playa dorada. El mar está azul.

En el país de Sim, tres princesas, viejas y sin voz, están acurrucadas en una playa dorada. Juegan con la arena y se inundan los cabellos con ella, creyendo que los granos de arena son flores. El mar está azul.


Por si acaso el traductor un francés: Franz Toussaint

(La flauta de jade. BB. AA., Guillermo Kraft 1951, p.141)

2 comentarios:

Sandra dijo...

leer una costumbre?

No es tan fácil como eso. Por eso jamás funcionará el plan lector ni nada por el estilo, no es que te digan ya lee y lee y lee es algo que sale aunque nadie lea a tu alrededor. Es como una marca. Sí, tal vez estoy exagerando pero vamos, acaso los lectores se crean?

El Estereograma dijo...

En realidad ahora me encuentro en la encrucijada, querida Sandra, de distinguir entre costumbre, tradición, identidad, lo cual, creelo, es más difícil de lo que parece. En primer lugar el significado ontológico (ya lo sé palabra fuerte que no puede usarse tan a la ligera) de cada una de estas categorías. Ahora si como vos decís ("es algo que sale aunque nadie lea a tu alrededor. Es como una marca) es cierto que hablamos de una cuestión de tal envergadura. Ahora es claro que tal como lo planteas defines que hay algo como una "esencia del lector" lo cual ciertamente es discutible. ¿Los lectores se crean? Lo más probable es que no sea tan drástico el veredicto. Lo cierto es que en la etapa formativa muchas pueden ser las variables; el resultado vendría a ser esa ansiedad por leer, ese gusto morboso por conocer, saber más, por incorporar, comparar, leer y leer, etc etc. Lo cual nos lleva creo yo a considerar que la palabra costumbre puede ser contener más de lo que parece. Es decir todo este floro monse para decir que estoy usando la palabra costumbre en un sentido más amplio. Cuidate, suerte.