lunes, 23 de febrero de 2009

Dejé atrás el hábito de la lectura

Dejé atrás el hábito de la lectura. Ya no leo nada excepto uno u otro diario, literatura ligera y, ocasionalmente, libros técnicos relacionados con cualquier materia que esté estudiando y en la que el simple raciocinio pueda ser insuficiente.
Casi abandoné la literatura propiamente dicha. Podía leerla por aprendizaje o por placer. Pero no tengo nada que aprender, y el placer que se obtiene de los libros es de un género que puede ser sustituido con provecho por el que el contacto con la naturaleza y la observación de la vida me pueden proporcionar directamente.
Estoy ahora en plena posesión de las leyes fundamentales del arte literario. Shakespeare ya no me puede enseñar a ser sutil, ni Milton a ser completo. Mi intelecto logró una flexibidad y un alcance tales que me permiten asumir cualquier emoción que desee y entrar a voluntad en cualquier estado de espíritu. Para alcanzar aquello por lo que siempre se lucha con esfuerzo y angustia, la plenitud, no hay libro que pueda ayudar.
Eso no significa que me haya liberado de la tiranía del arte literario. La asumí simplemente en sumisión a mí mismo.



De las "Notas personales" de Fernando Pessoa
en Escritos autobiográficos, automáticos
y de reflexión personal