jueves, 26 de agosto de 2010

Libros artesanales de poesía




El poeta Leoncio Luque, integrante de la agrupación Noble Katerba, y que ahora se desempeña como profesor de Literatura en un colegio de Villa El Salvador, tuvo una idea muy original para despertar el interés de sus alumnos por la poesía. No fue empujándolos ante otro arte más, algo lejano, casi abstracto, no. Todo lo contrario. Buscó, promovió e impulsó que cada uno de esos muchachos de cuarto año de secundaria fueran partícipes de la creación literaria. Más aún, no de los mismos textos que se repiten en los típicos manuales de colegio –que muchos de nosotros debimos soportar y que a muchos más alejó de la literatura y de la lectura en general–, que con sus lecturas mecánicas y cuadriculadas consiguieron que una serie de poemas y cuentos terminen osificados. El profesor Luque les permitió acceder a otras creaciones, otros autores, de distintas épocas, de distintas realidades, y les invitó a encontrar un vínculo con cada una de esas obras. Pero dejemos que él mismo nos lo explique:


El inicio de la lectura por la poesía es una cuestión lúdica que empieza cuando se le entrega al alumno un cúmulo de libros de poesía de diversas generaciones, acercándolo hasta su contexto, a su generación. Y el asunto de la creación fluye como algo más cercano. Porque los alumnos se sienten más familiarizados y lo sienten suyo, ya que inician investigando determinado autor que ha capturado su interés. Entonces recopilan, leen, maquetean, diseñan los libros que piensan editar a mano. Lo copian a mano o le sacan fotostática, lo hacen suyo, se apoderan a partir del gusto poético adquirido. Lo empastan con materiales diversos, de acuerdo a su gusto e interés, cartulina, cartón, corrospón, microporoso, cartulina simple, con tela, pintados, etc. Entonces allí hay la obra de un poeta antologado como un único texto. El alumno ha hecho su material de investigación, ha encontrado que siente algo por esa nueva poesía, ni tan nueva, que no todo es rima, sino música, ritmo, cadencia, figura, imágenes, y entonces comparten su investigación con el resto de los alumnos e incrementan su conocimiento de la poesía peruana.


Como vemos esta experiencia no queda como una simple extensión de las clases, una tarea que cumplir, sino una oportunidad de conectarse con el resto del mundo, con otros mundos: el del arte y el que reside en su interior.


Piensan que pueden ser editores, escritores, diseñadores, libreros y pueden hacer realizar una Feria Escolar Internacional con escritores extranjeros. Yo contento, aunque agotado, pero contento. Soy profesor, pero antes que profesor, soy poeta, y no quiero ser mezquino en negarles el conocer la poesía actual, cuando toda la información está disponible. No quiero que tengan cincuentas años y recién se enteren que un escritor muy cercano a su tiempo estaba publicando en busca de un lector.

Ahora, el día de mañana en las instalaciones del colegio República del Perú se llevará a cabo una expoferia donde podremos conocer y disfrutar el trabajo realizado por cada uno de esos chicos.

Acá va una pequeña muestra de lo que podremos encontrar:
















Una iniciativa que, en verdad, vale la pena imitar.